Uno de los párrafos más impresionantes, audaces y cuerdos que jamás se
hayan escrito sobre el impacto del aborto en el bien común es el parágrafo
20 de la encíclica del papa Juan Pablo II Evangelium Vitae (El
Evangelio de la Vida). Es un gran antídoto contra un modo de pensar que
afirma que podemos elegir a un candidato “pro-elección” (“pro-choice”)
porque “el resto de sus propuestas son buenas”. Es sencillas empezar a
contar las propuestas en las que pensamos que el candidato ha “acertado” y
ver que candidato tiene el mayor número de aciertos o de propuestas
“católicas”. Pero es una forma muy superficial y sesgada de hacer un
análisis moral. Sería lo mismo que decir a un simpatizante del terrorismo:
“Estoy en desacuerdo con Ud. en la cuestión del terrorismo, pero ¿cuál es su
programa para el cuidado de la salud?”
El parágrafo 20 de Evangelium Vitae comienza mostrando la
imposibilidad radical y práctica de vivir con las implicaciones
“pro-elección”. La misma ilusión que nos lleva a pensar que podemos separar
otros “derechos” del derecho a la vida. Pero los derechos humanos están
conectados integralmente. Si eliminamos la base para el respeto a la vida
habremos eliminado la base de todos los derechos humanos. Como dice el papa:
“Entonces todo es pactable, todo es negociable.”
El papa apunta después a la noción que afirma que si el aborto ha sido
legalizado siguiendo procedimientos democráticos, éso es todo lo que
importa. Dice: “Parece que todo acontece en el más firme respeto de la
legalidad… en realidad estamos sólo ante una trágica apariencia de
legalidad, donde el ideal democrático, que es verdaderamente tal cuando
reconoce y tutela la dignidad de toda persona humana, es traicionado en sus
mismas bases: « ¿Cómo es posible hablar todavía de dignidad de toda persona
humana, cuando se permite matar a la más débil e inocente?”
Juntamente con esto, tiene las palabras más duras que jamás se hayan
escrito sobre lo que ocurre cuando se legaliza el aborto: “De este
modo la democracia, a pesar de sus reglas, va por un camino de totalitarismo
fundamental. El Estado deja de ser la « casa común » donde todos pueden
vivir según los principios de igualdad fundamental, y se transforma en
Estado tirano, que presume de poder disponer de la vida de los más débiles e
indefensos… Cuando se verifican estas condiciones, se han introducido ya los
dinamismos que llevan a la disolución de una auténtica convivencia humana y
a la disgregación de la misma realidad establecida. Reivindicar el derecho
al aborto, al infanticidio, a la eutanasia, y reconocerlo legalmente,
significa atribuir a la libertad humana un significado perverso e inicuo: el
de un poder absoluto sobre los demás y contra los demás. Pero ésta es la
muerte de la verdadera libertad.”
“La disgregación de la misma realidad establecida… totalitarismo…la
muerte de la verdadera libertad”. En otras palabras, el “bien común” no
puede coexistir con el aborto legal. Los mismos cimientos de la civilización
colapsan. Parece que el aborto es mucho más que una cuestión entre otras.
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