Fr. Frank Pavone
National Director, Priests for Life
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En una elección, cuando se decide por que candidato votar,
deben considerarse algunos principios morales. Como he escrito anteriormente en
numerosas oportunidades, la posición de un candidato en las cuestiones más
importantes es de una importancia clave, porque al colocar a esa persona en la
posición de votar leyes, uno contribuye a acercar o alejar las políticas
públicas de la ley moral.
Pero esa misma consideración implica también que la posición
del partido al que pertenece el candidato también importa. Al elegir a
ese candidato para el cargo, uno también contribuye a colocar a su partido
en el poder. También debe tenerse esto en cuenta. Los votantes necesitan
preguntarse en que medida alterará el balance de poder entre los partidos la
elección de un candidato particular y que pasará cuando un partido en particular
tome el control. Los votantes deberían conocer la plataforma del partido
y la posición oficial de los líderes del partido sobre aquellas cuestiones
morales en que evalúan a un candidato en particular.
En todos los partidos cuando se trata de cuestiones morales
fundamentales el candidato individual tomará a veces una posición diferente a la
de su partido. Sin embargo, si la elección de dicho candidato diera el control a
su partido, que mantiene la posición opuesta en esos temas, en la
práctica votar por ese candidato conspira contra la posición que el
votante está tratando de promover.
En resumen, el partido importa.
Para ilustrar por que es importante el partido, observemos lo
que pasa en el senado de los Estados Unidos.
El partidario mayoritario en el senado elige al líder de la
mayoría. El líder de la mayoría controla la agenda y el cronograma del senado.
Esto incluye la capacidad de elegir el momento de los procedimientos sobre
tablas, es decir, debates, consideración de enmiendas y votaciones tanto de
leyes como nominaciones.
El partido mayoritario tiene mayoría en todas las comisiones
(excepto la comisión de ética), generalmente en proporción cercana a su
participación en el cuerpo. El partido mayoritario en cada comisión también
designa la mayoría de los asesores de la misma.
La mayoría en cada comisión recomienda a su bloque un
presidente de comisión. Típicamente la mayoría del senado aprueba esa elección.
Los presidentes, a su vez, fijan la agenda de sus respectivas comisiones. Son
puestos de gran poder. Por ejemplo, a veces los presidentes rehúsan fijar
audiencias para considerar nominaciones o proyectos de ley y esto efectivamente
acaba con esas iniciativas. En otras palabras, el mejor candidato de cualquier
partido podría presentar el mejor proyecto imaginable, pero este nunca saldría
de la comisión. El partido importa.
Consideraciones sobre cual partido debería detentar el poder
como consecuencia del resultado de una elección particular resultan
especialmente relevantes cuando candidatos opuestos tienen posiciones similares
en cuestiones de suma importancia.
Reflexiones como esta no constituyen un apoyo a un partido,
sino un aspecto de nuestro deber como clérigos de enunciar las dimensiones
morales del voto. Si benefician a un partido sobre otro, no es por nuestra
elección, sino por la elección de aquel partido que toma una determinada
posición.
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