Hace poco nos sorprendieron con la afirmación de Barack Obama que dice
que la pregunta sobre el momento a partir del cual un bebé tiene derechos
humanos está más allá de sus posibilidades. En un foro en la iglesia
Saddleback dijo: “... ya sea que uno lo mira desde una perspectiva
teológica o desde una perspectiva científica, la respuesta específica a esa
pregunta... está por encima de mis posibilidades.”
Eso es, por supuesto, exactamente lo mismo que dijo la Corte Suprema en
Roe vs. Wade, la decisión que legalizó el aborto en los Estados Unidos
durante los nueve meses de gestación. Frente a una pregunta incómoda, la
mayoría respondió:
“No tenemos que resolver la difícil cuestión sobre el comienzo de la
vida. Cuando aquellos que han sido entrenados en las disciplinas médicas,
filosóficas y teológicas son incapaces de alcanzar consenso, a esta altura
del desarrollo del conocimiento humano, el poder judicial no está en
condiciones de especular sobre la respuesta a esta pregunta.” [410 U.S.
113, 159]
¿Qué debemos pensar de quienes se expresan de esta forma? ¿Es un vicio o
una virtud? ¿Acaso hacen un esfuerzo deliberado para evitar jugar a ser
Dios, o demuestran una cobarde falta de voluntad de afirmar los derechos de
otros seres humanos?
Algunos dicen que el gobierno no debería involucrarse en la decisión
privada y personal del aborto. No saben lo acertados que están. El gobierno
se “involucró demasiado” en la decisión de abortar cuando la legalizó. A
pesar de su profesión de ignorancia sobre el hecho de que lo que se aborta
sea una vida humana que ya ha comenzado, la Corte Suprema declaró sin
embargo que “la palabra ‘persona’ tal como se usa en la decimocuarta
enmienda, no incluye a los no nacidos.” [410 U.S. 113, 158]. ¿A qué
nivel del gobierno reside la posibilidad de definir los límites de los
derechos humanos y los límites a la protección de la familia humana? ¿Desde
cuándo el gobierno determina quien califica para tener derechos humanos?
Apelar a la ignorancia sobre quien tiene derechos humanos es un abandono
escalofriante de la propia responsabilidad. Algunos podrán pensar que es un
esfuerzo para “no jugar a ser Dios” pero en realidad es exactamente lo
opuesto: creerse dios. Podemos decir que no estamos decidiendo, pero en
realidad no podemos escapar a la decisión, o protegemos a cada ser humano o
empezamos a decidir a quien excluir.
Esto suscita dos pensamientos. Uno de sentido común y otro a partir de la
Sagrada Escritura. El sentido común nos dice que si alguien está cazando y
no sabe si lo que se mueve atrás de un arbusto es un oso o un hombre, debe evitar disparar hasta que esté seguro. En otras palabras, la duda
lleva a multiplicar las precauciones, nunca a abandonarlas.
Más aún, la Escritura nos dice que el hombre que cometió el primer
asesinato dijo ser ignorante sobre el destino de aquel a quien había matado.
“¿Dónde está tu hermano?”, le preguntó Dios a Caín. “No se”, fue su
respuesta. Era mentira y como tal no excusa a Caín ni a la Corte Suprema ni
a nadie más a eludir su responsabilidad en la protección de sus hermanos más
vulnerables.
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