Cinco
mandamientos
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El éxito de
nuestros esfuerzos a favor de la vida depende en gran medida de nuestra
humildad. Hay cinco mandamientos que determinan que nuestros esfuerzos como
líderes o participantes en grupos pro-vida sean más eficaces.
1. Mantenga
una actitud dialogante sobre la oportunidad de las distintas estrategias y
tácticas aplicables. Por ejemplo, ¿será este el mejor momento para introducir
proyectos de ley que prohiban complementamente el aborto en un estado aún
sabiendo que esas leyes serán anuladas por una corte? Se trata de una cuestión
de estrategia, no hay dogmas en juego y puede haber desacuerdos. Hay mucha gente
buena a favor de la vida que puede tener opiniones divergentes con respecto a
esta cuestión. Quienes están convencidos que hay que trabajar a favor de esas
leyes deben hacerlo con gracia y con coraje y aquellos que no están convencidos
no deben criticar al resto.
¿Deben
mostrarse imágenes de niños abortados en público? Una vez más, puede ser que no
haya acuerdo. Sin embargo mientras siga vigente la primera enmienda y no haya un
mandamiento en la Escritura que prohiba esta táctica, aquellos que piensan que
no es una buena idea no deberían lanzarse en una cruzada dogmática para acabar
con esta práctica.
Nunca debe
confundirse autoridad con conocimiento. Simplemente que un obispo, por ejemplo,
tenga autoridad en la Iglesia, no significa que sepa cual es la mejor estrategia
pro-vida y el hecho de que un abogado haya sido contratado por un obispo, no
determina que su asesoramiento legal se convierta en dogma cuando el obispo lo
reciba.
2. Alégrese
cuando otros que no están en su grupo hagan un trabajo similar. En Marcos 9:
38-40 leemos: “Juan le dijo: ‘Maestro, hemos visto a uno que expulsaba
demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido porque no viene con nosotros.’
Jesús contestó: ‘No se lo prohibáis, pues no hay nadie que haga un milagro en mi
nombre y pueda a continuación hablar mal de mí: el que no está contra nosotros,
con nosotros está.’”
El problema
era que éste hombre que no se identifica no trabajaba en la misma oficina que
Juan y el resto de los apóstoles. Pertenecía a una organización diferente. Los
apóstoles cayeron en la trampa de los “feudos.” Se olvidaron que Dios es
soberano, que el Espíritu se mueve donde quiere y que no se puede encerrar la
palabra de Dios. Estamos llamados a hacer el trabajo de Dios, no a
controlar el trabajo de Dios. (Para un historia similar, véase Números
11:24-29).
3. Recuerde
que Ud. no es dueño de sus donantes. Dios es el dueño. La gente que dona a la
causa pro-vida lo hace libremente y a menudo dona a más de una organización. Lo
hace porque ve que el trabajo se hace y está teniendo impacto. Si quiere que un
donante le siga dando dinero, asegúrese de hacer aumentar el impacto de su
trabajo. Recuerde, el dinero no es una torta, que tiene un número limitado de
porciones, ¡sino un río que fluye!
4. No pregunte
que pueden hacer los otros grupos por el suyo, más bien pregunte que puede hacer
Ud. por los otros grupos.
5. Recuerde
cuantas metas podemos alcanzar juntos si no dejamos de calcular quien recibirá
el aplauso.