Ni siquiera era sacerdote cuando comenzó el caso "NOW vs Scheidler" en junio
de 1986. Durante los 17 años transcurridos, la Organización Nacional de Mujeres
(NOW – National Organization for Women) ha intentado penalizar a Joseph
Scheidler, Director de la Liga de Acción Pro-Vida (Pro-Life Action League) y
otros que trabajan junto con él.
¿Por hacer qué? – preguntarán. Esa pregunta es la clave del caso.
Joe Scheidler y compañía han trabajado incesantemente para salvar niños del
aborto y ayudar a sus padres a encontrar los recursos para cuidar sus niños. Han
ido a los mismísimos lugares adonde se iba a matar a esos niños y han
intervenido pacíficamente para salvarles la vida. Han proveído un refugio final
para sus vidas, una intervención final para los padres que no estaban conmovidos
por el trabajo a nivel político, legislativo, religioso, educativo y en
multi-media del movimiento pro-vida. Armados solamente con un rosario, los
activistas pro-vida soportaron calor, frío, ridículo y rechazo para poder estar
presentes allí para aquellos que los necesitaban y para pararse en solidaridad
con los más pobres entre los pobres. De hecho, muchas vidas fueron salvadas.
Pero a los ojos de la Organización Nacional de Mujeres, los activistas
pro-vida practicaron "violencia" y "hostigamiento". De hecho, NOW trato de
invocar las leyes RICO (Racketeer Influenced and Corrupt Organizations –
Organizaciones Corruptas e Influenciadas por Chantajistas) contra los activistas
pro-vida. Las leyes RICO fueron diseñadas para detener al crimen organizado y al
narcotráfico, no las intervenciones pacíficas y no-violentas de aquellos que
están tratando de salvar vidas.
Después de 17 años de litigio, la Corte Suprema dijo la última palabra el 26
de febrero de 2003 decidiendo por una mayoría de 8 a 1 que no se puede invocar
RICO contra los activistas pro-vida, aún si sus actividades impedían los
negocios de las fábricas de abortos. Esta es una victoria para el sentido común
y, por sus implicaciones, una victoria para el movimiento pro-vida y para el
no-nacido.
Por supuesto, todavía queda una cuestión por resolver que va más allá de las
limitaciones técnicas del caso. El hecho es que el aborto no es un negocio
legítimo, para empezar. Mientras los magistrados de la corte debatían la noción
de "propiedad" y si se podía decir que el activismo pro-vida privaba a las
clínicas de aborto de su propiedad, ¡nadie se ocupó del hecho que las clínicas
de aborto privan a Dios de su propiedad! Las fuerzas pro-aborto se quejaron que
Joe Scheidler allanó ilícitamente las "clinicas." Pero el crimen de allanar
ilícitamente el espacio sagrado del vientre y violarlo derramando sangre, nunca
se consideró.
Sí, esta decisión es una victoria. Pero es solo un primer paso. La reputación
de estos activistas pro-vida debe ser restaurada completamente. Nunca cometieron
ningún acto de violencia. Más aún, el sendero que han abierto debe ser seguido
por el resto de nosotros. La presencia en las clínicas de aborto, la consejería
en las veredas, predicación callejera y el tradicional piquete amerciano son
actividades honorables, son parte integral de nuestro movimiento y merecen ser
promovidos por los grupos pro-vida y por la Iglesia a todo nivel. Gracias a Dios
por los que hacen estas cosas; me siento honrado de contarme entre ellos.
Sacerdotes por la Vida
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