Pérdida de un embarazo
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P. Frank Pavone, Priests for Life
La herida proviene de gente bien intencionada. "Bueno, no fue hace tanto
tiempo." "Siempre puedes tener otro niño" "Esto le pasa a mucha gente."
La pérdida de un embarazo es una tragedia que mucha gente no comprende. No
están seguros sobre la forma en que deben consolar a un amigo o pariente que ha
sufrido esta pérdida.
Aunque no hay fórmulas mágicas, existe una verdad fundamental que debe
permanecer en primer plano: un aborto espontáneo es una pérdida de un niño que
es tan real y tiene tanto valor como cualquier otro niño de cualquier edad. Una
mujer que pierde un embarazo es una madre que ha perdido a un hijo, lo mismo
ocurre con el padre.
En una sociedad que continua padeciendo ceguera legal y cultural cuando se
trata de niños por nacer, muchos tienen la ilusión que la pérdida de un embarazo
no afecta tanto a los padres como la pérdida de, lo que algunos llaman, un "hijo
real"
El Dr. Byron Calhoun, Presidente de la Asociación Americana de
Obstetras-Ginecólogos Pro-Vida, ha observado que con anterioridad a 1970, la
pérdida de un niño antes o durante el parto era generalmente tratada en la
literatura médica como un hecho irrelevante, pero ahora existe creciente
conciencia del dolor asociado con esa pérdida. De hecho, el Dr. Calhoun ha
desarrollado un programa de hospicio para niños por nacer.
A medida que la comunidad médica avanza en sensibilidad y comprensión de
estos puntos, también debemos hacerlo nosotros. Nuestro amor, nuestra compasión,
nuestro compartir el dolor de esas pérdidas, puede traer sanación a los padres
que la han sufrido. Darles nombre a los niños que han muerto es una forma
significativa de reconocer esta realidad. Contar a los niños también es
importante, de modo que si a un padre se le pregunta cuantos hijos tiene, el
niño que murió se cuenta como uno de ellos.
Me acuerdo del primer cartel pro-vida que instalamos en 1990 aquí, en nuestra
comunidad de Staten Island, Nueva York. Mostraba a un niño por nacer en
desarrollo. Una de las primeras llamadas telefónicas que recibí mencionándolo
era de una mujer que había perdido un niño durante el embarazo. "No puedo
decirle lo consolador que fue su cartel para mi. Gracias" Fue todo lo que dijo.
Quizás la razón por la cual fue consolador es que alguien estaba diciendo
públicamente lo que ella sabía privadamente: que se trataba de un niño real. La
vida de ese niño es importante, no importa cuan corta haya sido. La muerte de
ese niño importa, independientemente del número de personas que lloren. Y el
amor que yo tengo por ese niño importa, aún si nadie más lo sabe.
Señor, consuela a todos los padres que sufren por la pérdida de sus hijos de
cualquier edad. Tómalos entre tus brazos amorosos y danos fuerza hasta el día en
que nos los devuelvas en el cielo. Amén