El "sacramento" del aborto
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P. Frank Pavone, Priests for Life
El sacramento del aborto es el título de un libro escrito por Ginette Paris,
publicado en 1992. En este pequeño libro, la autora afirma que el aborto es un
acto sagrado, un sacrificio a Artemisa (conocida como Diana en Roma).
Artemisa es la protectora de los animales salvajes y del cazador que los mata
intencionalmente. ¿Cómo es posible que estos roles contradictorios se encuentren
en la misma deidad femenina ? La visión que propone el libro es que una madre
solamente es capaz de cuidar adecuadamente la vida si posee plenos poderes sobre
la vida y la muerte. A veces la muerte es preferible. Aquella que puede proveer
la muerte, para que uno pueda escapar una vida hostil, estaría en realidad
amando a aquel que es asesinado.
El aborto, entonces, se ve como "una expresión de responsabilidad maternal y
no un fracaso del amor materno" (p.8) "Artemisa representa el rechazo a dar vida
si este don no es puro e inmaculado... Así cómo Artemisa puede matar a un animal
herido antes que permitirle renguear miserablemente, una madre desea evitarle a
su hijo un destino doloroso."
Artemisa, por supuesto, es la misma diosa cuyos adoradores se sintieron tan
amenazados por la proclamación que hizo San Pablo del Evangelio en Efeso, que
ocasionaron grandes disturbios e incitaron a una gran multitud a gritar durante
dos horas: ¡Grande es la Artemisa de los efesios! (Hechos 19:34). Los adoradores
contemporaneos de Artemisa deben sentir que sus creencias son amenazadas; porque
la proclamación del Evangelio de Cristo afirma que El solo tiene autoridad sobre
la vida y la muerte. Ni la madre, ni el padre, ni el estado, ni el propio
individuo pueden atribuirse absoluto dominio sobre la vida. "Porque ninguno de
nosotros para si mismo vive y ninguno para si mismo muere; pues si vivimos, para
el Señor vivimos; y si morimos, morimos para el Señor. En fin, sea que vivamos,
sea que muramos, del Señor somos." (Rom 14:7-8)
El hecho que algunos defiendan al aborto cómo si fuera un acto sagrado
debería alertarnos sobre la profundidad de la batalla espiritual que se está
librando. El aborto nunca ha sido simplemente o primariamente una cuestión
política. Es una religión falsa. Cuando los cristianos pro-vida, por ejemplo,
rezan frente a una clínica de abortos, no es simplemente un asunto de cristianos
pro-vida que se oponen a la falsa medicina. Es la Iglesia verdadera en conflicto
con una falsa iglesia. Un ex-agente de seguridad de una clínica, despues de su
conversión, admitió el motivo por el cual se enojaba tanto con los consejeros
pro-vida en las aceras: "Uds. venían a protestar frente a nuestra iglesia. Esa
clínica era el lugar donde practicábamos nuestro culto"
Ojalá que todos los creyentes y el clero adquieran renovada fuerza para
hablar públicamente contra el aborto. Hacer esto es no solamente coherente con
la proclamación del Evangelio, sino que es proclamar el Evangelio.